VALORES A DESARROLLAR EN LA
INSTAURACIÓN DE UN SISTEMA DE CONVIVENCIA ESCOLAR
Una de las
manifestaciones preocupantes en el comportamiento de la juventud y otros
segmentos de la población peruana, se configura en el imaginario colectivo como
una aguda crisis de valores, corrupción desenfrenada en las altas esferas
políticas (con esto se hace especial alusión a lo ocurrido en la última década
del siglo XX), ascenso de la criminalidad, violencia juvenil, las barras
bravas, terrorismo, narcotráfico y drogadicción, protestas violentas con
atropello de los derechos ciudadanos, proclividad a la anarquía, impunidad,
etc.
Definitivamente la
sociedad peruana en los últimos tiempos ha experimentado cambios vertiginosos,
la "globalización", la revolución tecnológica (Internet, cable,
celular, etc.) la libre competencia, hace que nuestra calidad de vida sea
cómoda y podamos elegir lo que nos conviene de acuerdo a nuestros intereses.
Martínez (2005)
planteó que la educación y, en consecuencia, la educación en valores es una
responsabilidad de la familia, de la escuela y de la sociedad en su conjunto.
Hoy resultaría difícil e inoperante cargar la responsabilidad a una de dichas
instituciones en exclusiva, sea la familia o la escuela. Incluso el trabajo
colaborativo de ambas resultaría muy difícil si la sociedad en su conjunto
(debido al gran influjo que ejercen la televisión, Internet, etc.) no colabora
en dicha tarea.
Nadie pone en duda
que los padres y las madres son los primeros y principales responsables
directos de la educación de sus hijos y, por tanto, de transmitirles una
educación en valores, sin embargo, la realidad social permite inferir que esto
no se ésta cumpliendo y es así como se escucha desde distintos ámbitos, quejas
sobre la falta de valores de las nuevas generaciones, sobre la impotencia de
muchas familias para abordar una educación en valores, y sobre la dejadez o
pasividad que muestran otras tantas familias al ceder esta responsabilidad a
otras instituciones.

Igualmente la escuela
tiene una gran responsabilidad en la enseñanza de los valores, en la medida que
debe ser promotora de una ciudadanía activa y de la cohesión social, en función
de lo cual se promueve la escuela en valores, y la educación para la paz,
igualmente el ejercicio de los principios democráticos en función del
desarrollo de una ciudadanía activa. Sin embargo, la escuela como institución
no responde en la actualidad a este compromiso de articular, en su práctica
diaria, la educación en valores, como parte fundamental de una educación
integral. En la mayoría de las ocasiones, esto depende más del voluntarismo de
determinados profesores, que de un proyecto asumido y desarrollado por la
comunidad educativa.
La educación en
valores, como sostiene Martínez, transciende el medio más inmediato, el de la
formación, el del espacio de interacción entre iguales y el de la convivencia
familiar, y se sitúa en el espacio de la construcción de la ciudadanía activa.
Educar en valores hoy
supone desarrollar una capacidad crítica para ejercer la libertad, el respeto y
la solidaridad en el contexto de una sociedad diversa e intercultural.
Dialogo como valor
La manera en la que
se comunican las personas, incide en la habilidad para pensar y aprender en
conjunto, y para tomar las decisiones correctas. El docente al comunicarse con
sus alumnos debe para poder establecer un dialogo, escuchar comprensivamente al
otro.
El diálogo permite
intercambiar ideas, opiniones y escuchar las razones del otro. También, admite
que no se posee toda la verdad y que no todos piensan lo mismo.
A través del diálogo,
las personas se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y
su capacidad de verbalizar sentimientos, por lo tanto el diálogo facilita
acuerdos prácticos, elaboración conjunta de normas y proyectos, mejorar las
relaciones, obtener mejores resultados en el trabajo común, evitar muchos
malentendidos y conflictos y a resolver los problemas surgidos.
Dialogar es la
solución para tener una comunidad bien constituida y cimentada en la palabra,
pero la falta de dialogo o de comunicación en el aula de clase puede poner en
riesgo su estabilidad, es por esto indispensable que los docentes tengan un
dialogo muy fluido con sus alumnos, donde cada palabra sea para estimularlo,
dar cariño, instruir con amor e inspirar confianza.
Para mejorar la
comunicación son esenciales la voluntad, el interés, y la disponibilidad por
parte de sus miembros. Además, para que sea posible fomentar la capacidad de
diálogo, las personas deben poseer un nivel suficiente de confianza en sí
mismas (autoestima); también tener un nivel mínimo de confianza en los demás;
de lo contrario les será imposible escuchar, valorar sus ideas y puntos de
vista y admitir parte de la verdad que contienen.
Amistad
Tiene su raíz en el
amor, en la posibilidad de establecer lazos afectivos y sentimentales: una
unión que se establece por un encuentro en común, interés por algún objeto,
situación, sentimiento o ideal.
El hombre,
esencialmente, "forma alianzas o grupos con otros individuos", que se
desarrollan desde la época de niño, producto de la reacción de actitudes
hostiles y de rivalidad, mediante identificaciones con los otros.
La ligazón afectiva,
se basa en un dar y recibir, en el reconocimiento, reciprocidad y en aceptar
las diferencias.
Se puede afirmar que
un amigo, se constituye en una especie "de refugio", de lugar donde
alojar las penurias, los secretos y las confidencias, donde se facilita el
hablar y el actuar como naturalmente se piensa y se es, minimizando los frenos
sociales que normalmente se tienen, los vínculos que se desarrollan en la
amistad, no se basan en la posesión o exigencia hacia el otro, sino en la
libertad y apoyo mutuo.
El valor asignado a
las amistades es comúnmente el resultado de la presencia frecuente de: Confianza
y sinceridad, interés sincero por el amigo, por su bienestar, por sus problemas
y logros.
Cooperación
Consiste en el
trabajo en común llevado a cabo por parte de un grupo de personas o entidades
hacia un objetivo compartido, generalmente usando métodos también comunes, en
lugar de trabajar de forma separada, en competición. Plantea Marroquin (2005)
que la cooperación es la antítesis de la competición; sin embargo, la necesidad
o deseo de competir con otros es un impulso muy común, que motiva en muchas
ocasiones a los individuos a organizarse en un grupo y cooperar entre ellos
para poder formar un conjunto mucho más fuerte y competitivo. Señala el autor
que la cooperación, es un tema vital para las comunidades humanas, fluye a
partir de la comunicación; la cual, si está bien planteada, lleva al
"encuentro" como a manera de un juego cocreador.
Ello quiere decir que
la persona no es un mero individuo inerte o aislado del todo, sino que su
existencia el llegar a alcanzar un desarrollo y una madurez- es el fruto de la
calidad de los encuentros que, en libre y mutua cooperación, establece y [por
decirlo así] crea con la realidad circundante. Es esta comunicación y
cooperación la que permite predisponer el terreno para un crecimiento creativo
en una armonía de la que todos puedan disfrutar, en vez de tratar de forjarlo
cada uno por separado.
El Respeto
Significa valorar a
los demás, acatar su autoridad y considerar su dignidad. El respeto se acoge
siempre a la verdad; no tolera bajo ninguna circunstancia la mentira, y repugna
la calumnia y el engaño. El respeto exige un trato amable y cortes, dado que es
la esencia de las relaciones humanas, de la vida en comunidad, del trabajo en
equipo, de la vida en familia, de cualquier relación interpersonal por lo tanto
crea un ambiente de seguridad y cordialidad; permite la aceptación de las
limitaciones ajenas y el reconocimiento de las virtudes de los demás. Evita las
ofensas y las ironías; no deja que la violencia se convierta en el medio para
imponer criterios. El respeto conoce la autonomía de cada ser humano y acepta
complacido el derecho a ser diferente. El respeto a las personas es una
aceptación y valoración positiva del otro por ser persona. Lleva consigo una
aceptación incondicional de la persona tal y como es. Es decir, una aceptación
sincera de sus cualidades, actitudes y opiniones; una comprensión de sus
defectos. En el plano humano, el respeto a las personas implica no considerarse
superior a nadie. Todos sentimos que tenemos el derecho a ser respetados por
los demás en nuestro modo de ser, de actuar y de expresarnos. Esto exige de
nosotros el deber de respetar igualmente a todas las personas.
El respeto a las
cosas es una actividad de valoración de todos los seres animados o inanimados,
naturales o elaborados por el hombre, como medios necesarios para la vida y la
realización personal de los seres humanos, en diversos niveles. En efecto, el
hombre necesita de las cosas para cubrir todas las necesidades vitales, desde
las necesidades más primarias y básicas (comida, vestido, alojamiento) hasta
las necesidades más elevadas (desarrollo intelectual, contemplación y
creatividad artística, etc.).
El respeto, como
valor que faculta al ser humano para el reconocimiento, aprecio y valoración de
las cualidades de los demás y sus derechos, ya sea por su conocimiento,
experiencia o valor como personas, es el reconocimiento del valor inherente y
los derechos de los individuos y de la sociedad. Éstos deben ser reconocidos
como el foco central para lograr que las personas se comprometan con un
propósito más elevado en la vida.
El respeto hacia los
demás miembros es otro de los valores que se fomentan dentro de la familia, no
sólo respeto a la persona misma, sino también a sus opiniones y
sentimientos.
Respeto hacia las
cosas de los demás miembros, respeto a su privacidad, respeto a sus decisiones,
éstas, por supuesto, adecuadas a la edad de la persona. Es en la familia donde
el niño aprende que tanto él o ella como sus ideas y sentimientos merecen
respeto y son valorados.
El respeto comienza
en la propia persona.
La Responsabilidad
La responsabilidad
supone asumir las consecuencias de los propios actos, no solo ante uno mismo
sino ante los demás. Para que una persona pueda ser responsable tiene que ser
consciente de sus deberes y obligaciones, es por ello, de gran importancia que
los hijos tengan sus responsabilidades y obligaciones muy claras. Por ejemplo,
el niño debe tener claro que es su responsabilidad la calidad y el esfuerzo en
sus estudios, que debe poner el mayor trabajo y empeño en esta actividad, en
beneficio propio y en respuesta a la oportunidad que le brindan sus
padres.
El desarrollo de la
responsabilidad de los niños, adolescentes es parte del proceso educativo, esto
con vistas a la participación de estos en la vida escolar, y en la vida en
sociedad después, de una manera responsable y autónoma.
Sentido de
Pertenencia
El principal y más
importante núcleo de configuración de este sentido de pertenencia es la
escuela. Si se sienten aceptados y queridos tanto en casa como en la escuela,
los niños y adolescentes adquieren mucha más facilidad para socializar e
integrarse a otros grupos. Un ambiente escolar donde se comparte, se participa,
se juega y se trabaja juntos, refuerza el sentido de la familia como
grupo.
En un ambiente de
este tipo, los niños y jóvenes, aprenden a ser parte activa, a compartir, a
apoyar, a contemplar sus deseos con el interés del grupo y a seguir las reglas
o normas que guían el trabajo grupal, pero no con un sentimiento de norma
impuesta sino como un compromiso, producto de la aceptación de la norma, porque
esta es entendida, aprobada al ser producto del consenso.
Los vínculos de
pertenencia
La escuela con un
alto sentido de pertenencia entre sus miembros se caracteriza por un sistema de
valores compartidos, relacionados con la escuela y con la educación en general;
con el desarrollo de actividades comunes que vinculan a los sujetos unos con
otros, y con las tradiciones escolares; y un "sentido de dedicación"
en las relaciones interpersonales.
Plantea Arellano que
entre los atributos comunes de estas escuelas, esta la comunicación basada en
el dialogo, cohesión grupal, participación, respeto, dedicación, inclusividad,
confianza, y compromiso.
Los miembros del
personal y los estudiantes comparten una visión común de la escuela para el
futuro, un sentido comunitario de los propósitos y un conjunto de valores
comunes. Ellos cuidan elementos como la confianza y el respeto entre unos y
otros, y reconocen los esfuerzos y logros de los demás.
Se puede concluir
afirmando que un fuerte sentido de pertenencia puede incidir en una moral del
personal alta, el ausentismo del profesor es menor, y los profesores están más
satisfechos con su trabajo.
(Subido por Yessica De La Cruz Farfán)

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